Ayer fue un día ESPECIAL. Especial, especial, ESPECIAL. Vamos a ello.

*Miércoles*

–          Andrea: como mañana vamos al teatro a ver Les Miserables, deberíamos saltarnos las clases para poder tener tiempo para arreglarnos y llegar pronto.

–          Beth: Me parece correcto, hagámoslo.

*Jueves* 

–          A: Buff… ¿vamos a pasarnos todo el día encerradas? Podríamos ir a sacarnos la foto en el paso de peatones de Abbey Road y luego tal vez a ver el meridiano de Greenwich.

–          B: Vale, vamos.

Tralaralara, cogemos el metro hasta St. John’s Wood y vamos a Abbey road… Tralaralara… lara… ¿LARA? ¿Qué cojones hace toda esa gente parando el tráfico para sacarse fotos cruzando? Los coches pitando y la gente poniendo LINDÍSIMAS POSTURAS a lo “yo cruzando casualmente el paso de peatones”. Andrea y yo nos miramos y nos decimos telepáticamente: si queremos la foto tendremos que venir un día por la tarde-noche.

Así, nos acercamos al muro de Abbey Road Studios e hicimos lo propio: dejar nuestro mensaje de paz y amor (“We all live in a yellow submarine”), y nos fuimos a coger el metro hasta Bank para coger allí el misterioso vehículo llamado DLR que nos llevaría hasta Greenwich (al final no era más que un tren/metro/tranvía). Ya en el DLR (25 minutos tardaba en llegar a nuestro destino), pasamos por la increíble isla de Canary Wharf, con sus rascacielos, sus hombres de negocios y sus cosas guays y cools. Y llegamos a Greenwich.

Tralaralara, llegamos al parque donde está el meridiano y el observatorio, tralaralara, todo es llano cuando… PUM. SUBIDA A TEJEDA. Rogamos por nuestras vidas y por unos arneses para escalar aquella mierda. Finalmente, conseguimos llegar a la cima.

Una verja. Gente al otro lado hacienda la super cola para sacarse una foto sobre una raya del suelo. Y vemos que tienen tickets en la mano.

–          A: ¡Hay que pagar! ¡Creo que pone 2,60!

–          B: Una mierda voy a pagar para sacarme una foto con una raya en el suelo, ¡vámonos!

–          A: Chacho, hoy no nos sale nada bien. (NO NOS QUEDA NADA).

[Apunte: hoy descubrimos que la entrada valía nada más y nada menos que 10 libras. La raya esa debe ser de oro puro o dar el don de la eternal juventud]

Y nos vamos, cogemos el DLR, nos bajamos en Canary Wharf, FOTITO FOTITO, metro y PÁ CASITA, que son las 4 y algo y nos queda una media hora de trayecto y tenemos que estar a las 7.30 en el teatro.

Llegamos, comemos, nos preparamos y cuando nos damos cuenta estamos saliendo de casa a las 6.15. Y llega el fatídico momento.

–          B: ¿No nos sirve coger la guagua?

–          A: Es verdad, podemos cogerla.

–          B: Pues que le den al metro, ¡cojamos la 98 to Holborn!

Tralaralara, vamos a la parada, tralaralara, que lejos está la parada, tralaralara, se nos ha escapado la 98 pero no importa, porque pasa cada 7 minutos.

TRALARALARA, LLEVAMOS 20 MINUTOS ESPERANDO CUANDO APARECE LA SANTA GUAGUA. Nos montamos, aún esperanzadas de llegar a tiempo a la obra.

Y llegamos a Edgware Road. Y la guagua, atrapada en el atasco del siglo por MAJOR WORKS. Y ya son las 7:10. Y Andrea ve que en la entrada pone que, si llegamos tarde, tendremos suerte si nos dejan pasar en el descanso.

–          A: ¡La gente de las otras guaguas se está bajando y siguen caminando!¡Tenemos que bajar y buscar una estación de metro, o no vamos a llegar!

–          B: Vale, bajemos.

Nos bajamos, corremos por Edgware Road buscando la estación. Encontramos un subterráneo que pone UNDERGROUND, bajamos y salimos en otra calle. Le preguntamos a una chica como llegar a la estación de metro y nos dice: DOWN HERE.

Down here TU CULO. Seguimos corriendo hasta que un alma cándida (señora parada delante del M&S, donde quiera que estés, GRACIAS) nos indica donde está la santa estación. Llegamos, entramos y ya eran la 7.20 y nos encontramos ante un dilema:

–          Usar una línea cuyo tren estaba allí, parado, con gente dentro y gente bajándose ya harta de esperar, pero que nos dejaba relativamente rápido en la estación de trasbordo y luego esta nos dejaba casi en la calle del teatro.

–          Usar una línea cuyo tren aún no había llegado, pero que cuyo trasbordo era algo más lejos, además de que luego nos dejaba más lejos del teatro.

Nos subimos al tren parado, llegó la otra línea y se fue. Y tras 3 fundamentales minutos, nuestra línea empezó a moverse. Llegamos a King’s Cross, donde teníamos que hacer trasbordo a la Picadilly line para ir a Picadilly Circus, que estaba en el culísimo con respecto a nuestra situación y a nuestro límite de tiempo.

Nos subimos en la Picadilly line y al fin me decido a mirar el reloj (yo pensando que serían las 7.25): 7.33. Llegamos a Picadilly circus y nos bajamos corriendo, subiendo a toda velocidad unas escaleras mecánicas normales. ¿Y qué hay al final de estas escaleras mecánicas? LAS MALDITAS ENDLESS STAIRS DE PICADILLY CIRCUS STATION. Subimos corriendo esas larguísimas escaleras, ante la atenta mirada de los londinenses que iban tranquilitos (y mira que es jodido que en Londres se fijen en ti), Andrea sintiendo la muerte cerca y yo sintiendo como la fuerza abandonaba mis maltrechas rodillas.

Y cuando llegamos arriba, SORPRESA: UN MILLÓN DE MALDITAS SALIDAS. Y cogimos una al azar, con la mala suerte de que era la que peor nos dejaba. Corrimos al teatro (que estaba a 2 malditas manzanas de allí), fuimos a taquilla y nos dijeron que era a la izquierda, entendiendo con ello la esquina izquierda del edificio en lugar de la puerta de al lado. Cuando finalmente llegamos a donde era, con los corazones abatidos porque habíamos llegado 10 minutos tarde y al borde del colapso, el hombre dijo por walkie talkie: “Latecomers coming”. Y NOS DEJARON PASAR. Llegamos a nuestro asiento Y LO ENCONTRAMOS OCUPADO POR DOS PERSONAS, pero la acomodadora las echó y al fin pudimos disfrutar del increíble musical de Les Miserables.

Cuando salimos a las 10.30, con intenciones de cenar, nos encontramos todos los restaurantes cerrados, así que fuimos a mi nuevo restaurante favorito (Wasabi) y compré sushi para llevar. Y cuando nos dirigíamos a coger la guagua para ir a casa, un borracho quiso llevarse a Andrea, y un montón de hombres comenzaron a atosigarnos con la frase de “Eh, chicas, ¿queréis pasar un buen rato?”, a lo que nosotras respondíamos caminando más rápido. Pasamos por delante de un grupo de tíos que lanzaron una botella agitada de refresco, mojándonos los pies. Y al fin llegamos, cogimos la guagua, nos sentamos en el segundo piso y nos dirigimos a nuestra casita en Kilburn, con la buenísima suerte de que el atasco en Edgware Road seguía allí, esperando que pasáramos a saludar.

Y cuando al fin la guagua llegó a un punto con menos tráfico, a un hombre chino sentado delante nuestra le empezó a dar un chungo. La familia lo vió y decidió bajarse de la guagua, con la malísima suerte, de que al hombre no se le ocurre otra cosa que desmayarse en mitad del pasillo justo al lado nuestro. Nosotras nos quedamos inmóviles mirando como la mitad de la guagua ayudaba al señor, con el único pensamiento de “JODER, HOY NO LLEGAMOS A CASA”. Para colmo de males, ni mujer ni hijo del desmayado se enteraban muy bien del inglés, con lo cual la gente también tuvo que actuar más despacio para que ellos se enteraran de qué tenían que hacer.

Finalmente, el hombre y su familia se bajaron de la guagua y nos dejaron proseguir nuestro camino hasta nuestra adorada habitación en Kilburn.

Vamos, lo que viene a ser un día de lo más normal y corriente.

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