“Titanic es una peli súper triste” “La vida es bella me hace llorar”. La historia más triste del universo es Peter Pan, ¿vale? Analicemos.

El sólo hecho de que unos decidan regresar del paraíso para no hacerle daño a su madre es un gesto de madurez, una señal de que están creciendo, y eso les cierra las puertas de Nunca Jamás para siempre. Sí, es cierto, Wendy volvió una vez más, pero sólo durante una semana. Y luego Peter se olvidó de ella durante muchísimos años y regresó para descubrir a una mujer adulta que se había olvidado de cómo volar y que ya no estaba del todo segura de si él había sido real o solo un sueño. Y esto se repite con su hija, y con la hija de su hija y así, infinitamente.

Diréis: “esta tía tiene un problema mental importante”. No lo niego, lo tengo. Podría denominarse síndrome de Peter Pan, si no fuera por el hecho de que, muy a mi pesar, yo he madurado. Ha sido algo casi fisiológico, no he podido evitarlo por mucho que lo he deseado desde que cumplí los 11 años. De hecho, envidio a la gente inmadura: son libres, no se comportan como se supone que se debe comportar alguien de tal edad. Aún pueden regresar a Nunca Jamás.

El problema que yo me planteo es que los niños de hoy en día no viven en un mundo donde todo es posible como en el que viví yo hasta que “me hice mayor”. ¿Qué inocencia y alegría hay en un niño de 7 años jugando con una maquinita o con un móvil o viendo la televisión todo el día? ¿Dónde quedó el jugar al escondite, a los piratas, a indios y vaqueros? ¿Dónde están los cuentos, la magia? ¿Dónde está la imaginación desbordante que se supone que puebla la mente de todos los niños? ¿Acaso ha desaparecido Nunca Jamás?

… y así seguirán las cosas, mientras los niños sean alegres, inocentes e insensibles.

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